
El primer trimestre del año ha sido un auténtico viacrucis para la economía mexicana, marcada por la amenaza —casi un hecho— del presidente estadounidense Donald Trump de imponer aranceles indiscriminados, afectando a aliados y adversarios por igual. Para México, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, se enfrentó a un muro infranqueable. Las exigencias de Washington fueron desmedidas, condicionando la agenda bilateral a temas migratorios y comerciales, sin ofrecer contrapartidas. La estrategia mexicana terminó por diluirse en gestiones diplomáticas que buscaron, más que negociar, aminorar el castigo arancelario.
Errores de cálculo, desatinos y celebraciones exageradas ante breves prórrogas de apenas 30 días en la aplicación de los aranceles marcaron esta dolorosa ruta. Hoy, una vez más, muchos mantienen la esperanza de que Trump retroceda, mientras la economía mexicana se aproxima a una recesión inducida por estas tensiones comerciales.
Marcelo Ebrard se posicionó como el negociador principal. El 11 de febrero calificó de “injustificada” y “mala idea” la decisión de Estados Unidos de elevar los aranceles a las importaciones mexicanas de acero y aluminio. Argumentó que Washington mantenía una balanza comercial favorable en estos metales y que la medida era un “balazo en el zapato”.
El 4 de marzo, tras la entrada en vigor de aranceles del 25% a productos mexicanos, Ebrard aseguró que el gobierno mexicano atendía la situación con prioridad y expresó confianza en que el país superaría el desafío. Tres días después, anunció un acuerdo con Estados Unidos que garantizaba la protección de casi el 90% de las exportaciones mexicanas frente a los aranceles, aunque solo hasta el 2 de abril.
Sin margen de maniobra y contra las cuerdas, el 27 de marzo, desde Washington, Ebrard informó que México negociaba condiciones para proteger el empleo y la actividad económica, particularmente en la industria automotriz, ya que las amenazas de Trump se materializaban.
A esas alturas, la fuga de inversiones hacia Estados Unidos era un hecho. Hyundai anunció una inversión de 21 mil millones de dólares; Honda confirmó la producción de un nuevo modelo en territorio estadounidense. El golpe estaba consumado.
Ayer, la presidenta Claudia Sheinbaum, quien prometió mantener la cabeza fría y evitar una guerra comercial, sostuvo una llamada telefónica con el primer ministro de Canadá, Mark Carney, para coordinar un plan frente a las medidas comerciales “injustificadas” de Estados Unidos. Al final, Ebrard quedó derrotado, superado por la presión de Trump. Un episodio que, al igual que la lucha contra el huachicol al inicio del sexenio de López Obrador, deja mucho ruido y pocos resultados concretos.
LABERITO.- Alberto Bustamante, director de la Agencia Nacional de Proveedores del Sector Automotriz aseguró que cumplir las normas que intenta imponer Trump a través de aranceles es un galimatías. “Un motor de automóvil puede tener entre 200 y 500 piezas. Para cumplir con las nuevas reglas impuestas por el gobierno de Donald Trump, cada una de ellas deberá contar con un certificado de origen que demuestre el porcentaje de contenido estadounidense”.
RELEVO.- Cuitláhuac Gutiérrez, de Grupo Aeroméxico, asumió la presidencia de la Cámara Nacional de Transporte Aéreo, sustituyendo a Diana Olivares, además de que durante su asamblea se dio la bienvenida a la institución a VivaAerobus y el inicio de el inicio del proceso de incorporación de TAR y Aerus.. El nuevo dirigente señaló el camino lleno de retos que enfrenta el sector aéreo comercial, pero tambien fue claron en señalar que hay un mundo de oportunidades “Que debe aprovechar el sector.