
El cartel de Sinaloa vive las horas más bajas de su historia. Va camino a convertirse en un puñado de pandillas sin capacidad para desafiar al Estado mexicano. Ante esto, el Cartel Jalisco Nueva Generación subió una casilla y ya es la organización criminal más poderosa del país. Su jefe es Nemesio Oseguera, El Mencho, que podría estar muerto según algunas versiones o afectado por una enfermedad terminal, según otras.
Como parte de su estrategia criminal, el cartel quiere transformar al Mecho en una suerte de Rockstar, con su imagen reproducida en pantallas gigantes en conciertos, mientras miles de jóvenes corean su apodo. Atestiguar esa escena, la del concierto de los Alegres del Barranco, las fotos gigantes del Mencho y la gente vitoreándolo conduce a preguntarnos si tenemos remedio o no. La verdad desconozco la respuesta.
En cambio, tengo la seguridad de que el CJNG no es una fatalidad, puede colapsar y pronto, solo es cuestión de que haya voluntad política de reducirlo a su mínima expresión. Me baso en el ejemplo del Cartel de Sinaloa que parecía invencible y hoy está en retirada con sus jefes escapando por las alcantarillas. Las condiciones que condujeron al Cartel de Sinaloa a un callejón sin salida pueden replicarse para reducir al CJNG. Recapitulemos.
La letalidad del fentanilo es el contexto en el que se registra el achicamiento del cartel. Que esa droga cause decenas de miles de muertos entre los estadounidenses detonó allá la demanda popular de que el gobierno gringo hiciera lo que fuera necesario para detener el tráfico de fentanilo. Donald Trump pescó esa demanda y su campaña de regreso a la Casa Blanca giró en torno a su promesa de liquidar a los traficantes mexicanos que, a partir de precursores chinos, fabrican la droga y la llevan a la frontera con Estados Unidos.
Con esa realidad como telón de fondo se registró la traición de los Chapitos al Mayo Zambada y el traslado del Mayo a Estados Unidos, donde se encuentra esperando un juicio que puede llevarlo a la silla eléctrica. La traición dio lugar a la Guerra Civil entre la Mayiza y los Chapitos que le ha salido carísimo al cartel. En ese conflicto interno el gobierno del Segundo Piso de la 4T resolvió dejar atrás aquello de “abrazos, no balazos” y se lanzó en serio en contra del Cartel con buenos resultados. Una vez que caigan o sean eliminados Iván Archivaldo y El Mayo Flaco podrá decirse que el Cartel de Sinaloa es cosa del pasado.
Si hay voluntad política al más alto nivel, me refiero a Palacio Nacional y Lomas de Sotelo, el Estado mexicano también puede resquebrajar el CJNG, una de cuyas células atentó contra la vida de Omar García Harfuch, en un episodio que nadie debe soslayar en el análisis. Otra célula de ese grupo ejecutó al exgobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval, en un antro de Puerto Vallarta. Las oficinas de inteligencia del Gabinete de Seguridad tienen ubicados a los principales mandos del cartel y saben en dónde viven sus familiares y amigos más cercanos en colonias de alto nivel de la zona metropolitana de Guadalajara. Claro que tienen un blindaje político, pero los Chapitos también lo tenían y ahora están como pollitos en fuga. Terminar con el Mencho, que por cierto estuvo detenido tres años en EU, será mucho más sencillo que acabar con el narco cultura que llega a extremos vergonzosos, como que miles de jóvenes ovacionen a un criminal despiadado y conduce a mucha preguntarse si tenemos remedio, o no. ¿Usted, amable lector, qué opina?
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